Puedo parecer de otro mundo

Puedo parecer de otro mundo. Siempre he parecido ingenua. Aunque ha habido quien, sorprendentemente, me ha dicho que muy inteligente. A menudo, mi opinión no se escuchaba en la empresa. Yo diría que era machismo inconsciente, y que no sabía expresarme de forma convincente. Me cansé de que me ignoraran, y en todo caso, de equivocarme. Acabé por creer que yo no estaba hecha para aquel mundo.

Así que me refugié detrás de la pantalla, con las letras y la programación. Lo primero es mi vocación más preciada, a la que nunca presté suficiente atención por querer labrarme un futuro. Lo segundo, algo que me gusta. El tema eran los viajes, que de hecho siempre han sido mi gran diversión. Soy producto de una época en la que todo el mundo se enorgullecía de haber ido más lejos y era algo normal explorar mundos desconocidos. Así aprendí a conocerme.

Pero me desvío. Puedo pareceros de otro mundo. Viviendo a caballo entre unos sueños y la vida real. Persiguiendo una forma de vivir que, de momento, no me da para mantenerme. Le he dedicado muchas horas que no se ven. Aprendizaje. No es fácil cambiar de vida con más de 40 años. Y ahora que he llegado a los 50, necesito una nueva dedicación.

He aprendido que la vida hay que vivirla en el momento, pensando en el futuro, sí, pero disfrutando de lo que se hace y sin pasarlo mal. Yo lo pasaba muy mal. Y decidí dejar de vivir así, dentro de la rueda.

Lo que pasa es que salir de la dinámica habitual para encontrar otra forma de ganarse la vida más acorde con lo que uno es o quiere ser, no es fácil. Y eso debe de ser una creencia cuestionable y limitante. Por eso doy un paso más, agarrándome a una rama que me ha salido en el camino.

¿Ninguno de vosotros tendría ganas de cambiar de vida? ¿Estás haciendo lo que de verdad te gusta? Conozco a muchos de vosotros que estáis haciendo lo que os gusta, cambiando, reinventándoos, habéis tomado decisiones en la vida para adaptar el trabajo a lo que más os conviene.

Durante mucho tiempo solo vivía para el trabajo. Como había visto hacer siempre. Estaba orgullosa de la posición, del sueldo. Pero sufría. Y aunque me llevó a conocer muchas cosas y a hacer realidad algunos sueños inesperados sobre África, como ir a ver a mis gorilas… nunca encontraba el momento para dejarlo, y después estaba demasiado atrapada en la centrifugadora de un mundo que no era el mío.

Cuando me veo corriendo en la rueda del hámster, sin disfrutar de la mañana ni del día, me doy un poco de pena. Aunque también le veo muchas ventajas. Pero ahora controlo mi tiempo. Lo saboreo. Soy consciente. Y me apetece hacer lo que hago. Las horas se me pasan volando. Y soy feliz con cosas que nunca habría pensado que me harían feliz.

 «¿Qué quieres ser de mayor?» había respondido en clase a esa pregunta de la profesora: cantante. Y pasé toda la clase sufriendo porque la profesora dijo que al final cantaría algo para todas. Por suerte no pasó, porque nunca tuve ni un ápice de voz. Me gustaban las artes… De hecho, lo que realmente siempre había querido ser es escritora. Y aquí estoy, escribiendo, escribiendo online. De una forma que nunca habría imaginado, pero que es lo que más me satisface. Me desvío. Tengo que aprender a sintetizar.
Este post es para decir que hay que arriesgarse. Exponerse. Ser auténtica. Si queréis acompañarme en esta nueva aventura, os lo agradeceré.  

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