Mi historia en Africa

África es una corriente de estilos

Quería ir a vivir a África, y, durante un tiempo en mi vida, estuve mirando puestos de trabajo en Kenia o Tanzania. No sabía lo que implicaba. Durante años, entre mis viajes al centro del continente, la música que se escuchaba en mi coche era Jammu Africa, de Ismaël Lô, aunque eso te lo debo a ti, y a Marruecos.
Y, al final, fui a vivir a Marruecos, que también es África. Aunque solo me di cuenta de ello cuando una amiga me dijo: “Has conseguido tu sueño. Siempre decías que vivirías en África, y al final lo has hecho.”

Los sueños nunca llegan como uno los espera. Llegan de formas diferentes, y esta es una de ellas. Marruecos es una forma de África.
Aunque para mí el África negra, la de los grandes animales y misteriosas junglas, no tiene nada que ver con el país en el que me enamoré.

Las primeras veces que viajaba a Casablanca o Marrakech, sentía que volvía a mi paraíso adorado, y esa emoción de las grandes aventureras, mientras me preguntaba, maravillosamente sorprendida, cómo es que eso me estaba pasando justamente a mí.
Si el destino me había deparado las aventuras de mis libros de niñez, o era yo quien, poco a poco, había ido buscando y enmarañándome en la madeja, tirando del hilo de mis viajes al continente africano.

Una persona sentada en una cornisa de baldosas en un mirador ornamentado, rodeado de vegetación y una fuente, con un patio abierto visible al fondo.

Vives lo que buscas, más tarde o más temprano. Se tarda más o menos, pero te conviertes en quien, hacia allí, poquito a poco, vas caminando. Como cuando mis pasos iban detrás de los gorilas, emulando a las grandes primatólogas de mis documentales.
Aunque no hubiera un camino predeterminado, mi interés me arrastraba cada vez más a ese mundo, hasta que la gente empezó a conocerme por ello.

De la misma forma, ya mi imagen está ligada a Marruecos para siempre.
Sonará pretencioso, pero algunos de mis amigos o conocidos pueden pensar en mí cuando viajan a sus dunas y a sus paisajes.

No era eso lo que yo buscaba. O quizás sí. Y ahora forma parte de mi identidad.
La que se mezcla con la europea que llevo dentro y que conformó mi entorno de niñez. La vida predeterminada de la que fui saliendo, siempre buscando algo distinto, cada vez más complicado.
Hasta que, en esa búsqueda, dije basta, y regresé a la sencillez de la vida básica, aquella que admiro en las gentes del desierto.
Tan poco, tantísimo.

La excelencia en el arte de vivir. La vida en el desierto y la vida contigo.

Desplaça cap amunt